Los cielos de África y el Masai Mara
Por: Paco Nadal

Escribo este post desde la reserva nacional Masai Mara, en Kenia, en un campamento de tiendas de lona en la ribera del río Mara. Hay una hoguera en el centro de las tiendas y un cielo tan abigarrado de estrellas que no cabría una chincheta entre ellas. Una familia de hipopótamosvive en el río, junto al campamento, y sus ronquidos atronan como bocinas roncas en la quietud de la selva.
Viajo para hacer un reportaje de los parques nacionales de Kenia y Tanzania a bordo de un camión de Endake, una de las principales agencias de viajes de aventura españolas y de las pocas que tiene camiones todoterreno y campamentos propios en esta zona de África.
Estoy aún impresionado del contraste entre el tráfago urbano de Nairobi, un caos monumental a cualquier hora del día, y la quietud que se vive en este país apenas te alejes de la congestionada ciudad. A una hora de la locura de la capital puedes parar en el mirador del valle del Rift y regocijarte con la vista infinita de la gran falla de África, una grieta de más de 9.000 kilómetros de largo cubierta por una vegetación original que barrunta ya la cercanía de las tierras de los masai.

Y sigo aún impresionado por los cielos de África. No son nuevos para mi, pero siempre logran que me enamore otra vez. Los cielos de África son escenarios cambiantes, ventanas abiertas al infinito, juegos de formas y colores que a cada minuto del día te recuerda que la energía de la tierra emana de este continente.
Los masai son gente curiosa. Quizá sea una de las tribus más orgullosas de África pero también de las más maleadas del continente negro porque han tenido la suerte o la desgracia de que sus tierras estén en el parque nacional más famoso y visitado de África. Y ya se sabe que el turismo masivo es como Atila.
Pero a pesar de todo, cuando te cruzas con uno de ellos en la vastedad de la sabana, con su porte elegante, su suka (túnica) de impoluto rojo contrastando con el verde de la llanura, sin saber de dónde sale ni a dónde va en estos terrenos infinitos e infectados de leones... te quedas prendado de la belleza de esta tribu.
Los masai viven en poblados muy auténticos, formados por chozas circulares de barro y paja y cercadas por una empalizada de ramas para evitar la entrada de depredadores. El poblado tiene tantas entradas como familias lo componen. En el que estuve esta tarde: seis familias, seis accesos. El hombre no es hombre y guerrero hasta los 25 años. En ese momento sus padres le eligen una mujer (nunca puede elegirla él) y se casa. La dote es 10 vacas (una ternera cuesta 150 euros y una vaca adulta, 500 euros; una fortuna).
Luego puede ir comprando tantas mujeres como vacas tenga para dar de dote. El precio siempre es el mismo, 10 vacas, una mujer. La primera esposa elige a la segunda. Y la segunda a la tercera. Y así sucesivamente.
He entrado a uno de esos poblados, he estado en el interior de una de esas casas. Y me ha producido una tremenda tristeza la mirada perdida de esas mujeres, la ausencia de una sonrisa, de un gesto.
Una vida anulada.
Ser mujer sigue siendo una tragedia en demasiados sitios de la tierra.


Fuente: http://blogs.elpais.com/paco-nadal/2012/05/cielos-africa-masai-mara.html#more

