Por: Paco Nadal
El Serengeti es el parque nacional más famoso de Tanzania. Lo crucé por primera vez en mi vida la semana pasada a bordo del camión y quedé fascinado por esta interminable llanura herbácea, donde el ciclo de vida y muerte lleva repitiéndose anualmente desde hace miles y miles de años sin que el hombre haya logrado alterarlo. Es África en su versión primigenia. Serengeti significa la "llanura sin fin" en masai. Pero en contra de lo que parece, el paisaje muta continuamente y no deja de sorprenderte cada día, cada hora.

Solo las acacias ponen una nota vertical en el plano infinitamente horizontal de la sabana.

Un viejo león macho vigila sus dominios desde un kopje, una afloración de granito típica del Serengeti.Los guionista del Rey León tuvieron que inspirarse en una imagen parecida a ésta.

Campamento Sero 5, en el corazón del parque. Una noche oímos un rugido de león muy cercano y nos quedamos helados. Iluminamos con las linternas unos matorrales y vimos reflejados cuatro ojos sanguinarios. Dos leones macho nos observaban agazapados entre la hierba, a unos 60 metros del campamento. Nos metimos en las tiendas (con cierto acojone, por qué negarlo) y no salimos en un par de horas.

Tras la ceremonia de circuncisión, los adolescentes masai se visten de negro y se pintan la cara de blanco para anunciar a todas las aldeas su nueva condición.

Este es el atardecer que se veía desde la puerta de mi tienda.

Una pareja de guepardos, los fórmula 1 de la sabana, deja pasar las horas más duras de calor al abrigo de una sombra. Pueden llegar a alcanzar los 120 km/h.

Atardecer en el río Seronera.

El Serengeti está en tierra masai. Las poblaciones que vivían allí fueron obligadas a mudarse a las zonas de protección anexas cuando se creó el parque nacional.

No es Cocodrilo Dundee. Es mi amigo Dani Serralta, un tipo con carrocería de leopardo solitario pero corazón de impala.

